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·published 2008-02-14 23:36 UTC
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Ferran Xarnach

El problema del racismo: Prejuicios en penumbra


Basta... No más... Paremos la infección... Es suficiente. El mundo estalla a gritos criticando el racismo, odiándolo y repudiándolo. Es algo que viste: Tolerancia. Los políticos gritan una y otra vez esta consigna. ¿Tolerancia?  ¿Quien se atrevería a decir que no?

En este mundo vivimos, donde la gente declara una cosa y siente y vive otra... ¡Hipocresía! Labios endulzados con palabras falsas, escondite de ponzoña... La sociedad invita, impulsa, ata y casi obliga al ciudadano a declararse tolerante incondicionalmente. Las autoridades, ansiosas de votos y soporte popular, se entregan a unas ideas desgranadas del colectivo, pero pensadas por ninguno.

¡Sí! Viva la multiculturalidad... Pero por favor, empujados por las masas irracionales, no vociferemos algo en lo que no creemos, y menos aún hasta el punto de poner en peligro la cultura propia. Algo amado y nuestro, siempre nuestro.

Si claro, queda muy bonito declararse uno no racista y tolerante, pero... ¿Y la integridad? Sed coherentes con vosotros mismos, descubrirse el antónimo a lo declarado es falsedad. ¿Porqué temer declararse lo que uno realmente es?

Las estadísticas hablan. Los gráficos gritan. La gente se declara no racista para llevar esta bonita etiqueta, pero esconde en su fuero la semilla del odio y miedo al extranjero. 

De acuerdo, es lógico y comprensible este miedo a lo desconocido, por lo que, ¿Por qué esconderse? Si realmente se desea el fin del racismo, no son las palabras las que cuentan, son los hechos los que mueven el mundo.

Dignémonos a pensar en el problema y no solo a esconderlo. Se encuentra aquí por lo que... ¡Movamos el mundo!