En los seres humanos al igual que en los animales existe la comunicación, es esencial para la vida en comunidad del tipo que sea, cada cual cumple una función específica con un beneficio para el grupo, como en una tribu precolombina donde la curandera, el cazador, etc cumplían sus labores con el fin de un beneficio común e igualitario para todos los miembros de la tribu.
A medida que las sociedades han evolucionado se logra renegar cada vez más el aporte personal y colectivo hacia las necesidades básicas de convivencia, teniendo presente que estas necesidades se van modificando con el tiempo, tal vez hace 400 años lo más importante para una comunidad eran servicios higiénicos de libre acceso como lo es hoy una tierra donde vivir.
Nos hemos convertido en personas egoístas y envidiosas, el día a día nos muestra al resto nublando nuestra propia felicidad y haciéndonos creer que consumiendo algún producto seremos más felices, lo que nos arroja a un círculo vicioso interminable donde solo el que tiene más o roba mejor puede suplir esas necesidades inventadas de personificarse con un producto. En base a esta misma premisa nos podemos cerciorar del grado de discriminación hacia nuestros congéneres, al mismo grado que sucedía en los 50’s en USA con las amas de llaves de raza negra, en Chile sigue pasando y no solo en familias ABC1 que pertenecen al Club de Golf de Chicureo, nos hemos vuelto los jueces de la vida, determinando tu grado de importancia para la sociedad con una relación uno a uno con la retribución económica que recibes del trabajo que realizas. Como muy bien decía un grande “hay dos panes y dos personas, yo me llevo dos panes y tu te llevas ninguno, estadísticamente hay un pan por persona”, la distribución de riquezas y la segregación social que se ha generado en Chile es el gran problema, la oligarquía existe y es extremadamente fuerte en esta franja de tierra al fin del mundo.
Las diferencias se pueden hacer desde casa, no hay que ser un gran sociólogo o un emprendedor finlandés, basta con demostrarle a tu prójimo que el/ella vale por ser esa persona, no por lo que haga o por lo que gane. Dar gracias es lo que nos mantendrá cuerdos.